Ama tu prójimo como a ti mismo, Amor, Amor unos a los otros, convivencia, Dios, No todo está perdido, Uncategorized

Es una de las cosas más difíciles que una persona puede dejar de hacer; claro a excepción de personas que por naturaleza no puedan hablar.   Todos queremos hablar y hablar y cuando escuchamos estamos pendiente a tener la menor oportunidad de hablar para expresar nuestros puntos de vista, nuestras vivencias, lo que creemos.   Gracias a Dios con el transcurso de los años he aprendido a callar y muchas veces ni cuando preguntan contesto; y debo confesar que me ha costado mucho aprender lo que hasta hoy aprendí. Pero con los años se aprende que mucha gente habla alrededor nuestro para bien, pero también está el que parece querer bien pero lo que hacen es lastimar  el tronco de nuestro ser para algún día vernos caer como a un árbol al cual cortan. Muchas veces estas personas ni concientemente lo hacen, sino que son deseos en su subconsciente que no pueden llamar por su nombre pero bien que disfrutan de los tropiezos que tengamos.        Los motivos de esta clase de gente para tales cosas pueden ser muchos pero algunos ejemplos pueden ser envidia, falta de reconocimiento, anhelos reprimidos, creerse superior a los demás a cuesta de cualquier cosa… en fin, pueden ser muchas las razones.  Así que tomando lo positivo que podamos adquirir de personas que no tienen cuidado de lo que sale de su boca es precisamente aprender nosotros a cuidar nuestro hablar para no herir, no atropellar, no destruir sueños o planes de las demás personas.  Nadie sabe con certeza que ha vivido o vive la otra parte; siendo así debemos ser más cuidadosos cuando nos expresamos.

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Cuando hablamos…

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No todo está perdido

El domingo pasado mi hijo me leyó a mi, no yo a él un versículo de la Biblia. El mismo se encuentra en Eclesiastés 11:9-10 “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas las cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.” El que conece la historia de mi hijo sabe el milagro que está ocurriendo, tu que me lees no dejes de perseverar en oración a nuestro Padre Celestial en el Nombre de su Hijo Jesús, tal como El mismo nos dejo instrucciones para orar. Bloquea voces que dicen que la juventud está perdida. Más bien, declara victoria sobre tus hijos, tus nietos y toda tu casa. Mientras demos la buena batalla modelando a Jesús. No todo está perdido; Dios te lo devuelve y mejor que como lo tenías antes.

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